La casa de mis sueños

La casa de mis sueños solo vive en mi imaginación, si tuviera que diseñarla no la haría bien y siempre la maldeciría, porque nunca estaría conforme con ella. El tropezar con paredes que no recuerdo, abrir puertas que no son mías y tantas cosas que a veces no recuerdo, pero que en las emergencias me traen a la mente aquellas personas forjadoras de mi futuro, me haría desear deshacerme de ella.

La casa de mis sueños no tiene una casa en el árbol como la de los americanos millonarios, no tiene un patio como una finca, pero si una que pueda tener así sea un árbol de níspero o mango, tiene salas y salones, con la suficiente amplitud en el segundo piso para estar tranquila y acompañada de kico, que cuando vamos a fumar, no liar un cigarrillo y no tenemos fósforos, pero si esta la lupa olvidada de mi abuelo para encenderlo.

La casa de mis sueños fue una realidad durante muchos años, pasando de un lugar a otro y en cada casa había un pedacito de carne amado por mí, gracias a las muchas madres que se ocupaban de mí.

La casa de mis sueños es aquella casa donde había momentos de tranquilidad para leer libros y fines de semana en que había días de sol, mar y baño con almuerzo  a la orilla de la playa, mi hermano, mujer e hijos. En que con seguridad podía llevar una revista de selecciones del Reader’s digest en la mano, porque no había adolescentes para interactuar conmigo y podía seguir leyendo ávidamente aquellas cosas interesantes que había en esa revista maravillosa y llena de secretos médicos, para mí.

La casa de mis sueños no es donde estoy en la actualidad, nunca lo será, porque la casa de mis sueños ya está construida y en ella hay muchos seres queridos que se han ido, pero también muchos que ya están y que quizás nunca se irán, la casa en la que vivo es la casa de los sueños de mis hijos, mis nietos, bisnietos y quizás más.