Orar, ministrar y sanar

Orar es una cosa, ministrar otra y sanar o sanidad es la que hace Dios por medio de su Santo Espíritu, que muchas veces completa la sanidad con la medicina física.

Oramos para pedir, para presentar nuestras peticiones delante de la presencia de Dios, para agradecer, para muchas cosas, una de las cosas que entra en las oraciones es la intercesión.

Cuando se dice que ministramos es cuando estamos hablando de parte de Dios directamente a las personas, bien sea en oración o dándole una palabra profética que sea real de acuerdo a su vida y conforme a la voluntad de Dios.

Y la sanidad es aquella que proviene de estas dos acciones que se hacen buscando un camino de perfeccionamiento y que se puede perder si nos descuidamos y dejamos que las distracciones de la vida y las cosas malas de las que se abusan muchas veces como la pornografía, los vicios, las malas amistades, las peleas y todas esas cosas de las que habla la Biblia cuando se refiere a los pecados de la carne en Gálatas 5:19  Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
5:20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, 
5:21 envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios. 


Debemos saber que Dios el verdadero, nos ama con amor eterno y muchas veces cuando nosotros incansablemente y justamente oramos e intercedemos para que Dios nos conceda las peticiones, es como aquellos hombres prehistóricos que inventaron la rueda o quizás como los que hace más de un siglo inventaron la radio, el telégrafo y muchas cosas más.

Tardamos en obtener nuestra petición porque Dios quiere que esta sea aquella que nos merecemos, aunque más grande para que podamos bendecir a los que tenemos a nuestro alrededor y para que no se pierda fácilmente.

En ese camino de búsqueda, de perseverar vamos comprendiendo muchas cosas y resolviendo cuestiones especialmente emocionales que nos han impedido crecer y que Dios quiere ayudarnos y hacer liberación.

También hay momentos de crisis y de dolor, en que no debemos cuando estamos tratando de resolver situaciones difíciles orar y ayunar, debido a que estamos débiles y Dios se fortalece en nuestras debilidades y contamos con las reservas de oraciones que tenemos delante de su presencia.

Por eso es muy importante contar con personas que sean compañeras de oraciones y que nos respalden en los momentos de necesidad, todas estas cosas las aprendemos sanamente cuando llegamos a las congregaciones.

Los pastores y ministros de Dios tienen el deber de instruir a las personas que tienen su corazon dispuesto y que sirven a la obra decentemente y con orden.

Los pecados familiares y muchas cosas influyen, pero cuando somos sanos emocionalmente podemos aceptar fácilmente los pecados ajenos y por medio de la oración pedirle a Dios que transforme las vidas.

Compartir nuestras experiencias espirituales es algo que agrada a Dios y nos bendice, pero debemos ser prudentes en muchos aspectos, porque nuestra limpieza de manos ofusca y puede enfurecer al enemigo.

Debemos recordar lo que dice la Biblia que no tenemos lucha contra carne ni sangre, sino contra las potestades de las tinieblas.

Pero es indebido escuchar cosas que no conocemos y que pertenecen al mal, con saber que debemos luchar en oración y pedir como conviene que es cuando el Espíritu Santo nos guía, es suficiente, querer saber las cosas como herejías, pecados, violencias, abusos y todas esas cosas como prácticas de hechicerías le abre las puertas al enemigo y podemos caer en ataduras y cosas de las que anteriormente hayamos sido libres sin siquiera saberlo.