¿Que esperanza tienes en Dios?

Mendigos Espirituales

Muchas veces conocemos a Dios, pero no podemos saber con exactitud lo que espera de nosotros o porque se tarda tanto en dar las bendiciones que nos promete.

Es una realidad que cuando Dios bendice no hay nada que impida que se cumplan sus promesas y como dice su palabra la bendición de Dios enriquece y no añade tristeza con ella.

Cuando a pesar de tener muchos años de caminar con el Señor no recibimos aquello que esperamos o las bendiciones escasean, esto quiere decir que nos falta discernimiento para caminar en fe y ejercer la autoridad que tenemos como hijos de Dios y posicionados en Cristo Jesús.

Muchas veces terminamos convertidos en mendigos espirituales y por ende en mendigos materiales, siempre esperanzados en lo que nos dan los hermanos y las ayudas que podemos recibir de los pastores y la iglesia.

En tiempos de capacitación, pruebas y muchas dificultades, no sabemos cómo actuar y nos sentimos como niños desamparados y podemos tener estas actitudes, pero debemos crecer en la gracia de Dios  e irnos apropiando de sus promesas y encontrar el camino que él tiene para cada uno de nosotros.

Dios no es hombre para mentir ni hijo de hombre para arrepentirse y dice que somos cabeza y no cola, tesoro especial y muchas cosas como que él es el dueño del oro y la plata y si hemos creído y fortalecemos nuestra fe, caminando con él y a pesar de las equivocaciones, muchas veces caídas que tenemos, porque se retrocede en ocasiones y somos débiles, llegara un momento de total equilibrio y paz, de encontrar soluciones, puertas abiertas para todo lo que emprendamos.

Muchas personas no cambian su manera de pensar y piensan que la bendición de Dios es una gran abundancia económica,  cuando no alcanzan los objetivos rápidamente, se desaniman, muchas veces se apartan  o  tienen un ministerio que crece muy poco y tienen escasez en varias áreas de su vida.

La bendición de Dios  es espiritual y va unida a lo material cuando dejamos que Dios nos muestre sus propósitos, sus caminos, que son individuales para cada persona y perseveramos dejándole lo que le corresponde a Dios y haciendo la parte que nos corresponde a nosotros.

Salmos 131: 1-3 Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron;  Ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí. 2  En verdad que me he comportado y he acallado mi alma como un niño destetado de su madre; como un niño destetado está mi alma. 3  Espera, oh Israel, en Jehová, desde ahora y para siempre.

Este Salmo nos habla de la seguridad de esperar con confianza, como la de un niño que quedo satisfecho y sabe que lo volverán a amamantar sin que tenga que reclamar el alimento. También el salmista expresa la espera con confianza y tolerándola aunque no llegue enseguida, debido a que tenemos la alegría de contar con Dios y sus promesas, en silencio, prudentemente.

Debemos desatarnos de toda mendicidad espiritual y material, madurar a medida que pasa el tiempo y reconocer que si tenemos muchas o pocas incapacidades esperando en Dios seremos bendecidos no solo monetariamente, sino riquezas espirituales que valen más que cualquier dinero que se pueda tener.

Cuando vivimos apegados a lo material, somos incapaces de ser ministrados por el Espíritu Santo de Dios y ver las liberaciones y aprendizajes que tenemos en el Señor.

Muchas veces pasan años y todavía muchas personas están con la esperanza de la bendición que no llega, pero quizás deberías hacerte algunas preguntas para saber qué esperas tú de Dios.

Preguntarte ¿Estoy cumpliendo las leyes espirituales de Dios? ¿Tengo constancia en mis disciplinas espirituales y personales? 

Estas disciplinas son las que aprendiste desde un comienzo en el evangelio. Como son el orar o mantener un devocional diario, congregarte al menos una vez a la semana, hacer ayunos y en fin todas aquellas cosas que sabemos que agradan a Dios y que nos mantienen firmes, apartados del pecado, como buenos soldados en guerra de Jesús.


Dios te bendiga