Egoísmo, Envidia, Amargura...

Egoísmo, sus hermanos la envidia, la soberbia y…


Mateo 22: 37 Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. 38 Éste es el primero y grande mandamiento.39 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Hay tantas definiciones para la palabra egoísmo, que se puede hablar mucho y no llegar a una conclusión final sobre el tema. El egoísmo humano es un defecto de carácter que llega en ocasiones a estar tan fuertemente arraigado en algunas personas y podemos decir que se vuelve genético.

De generación en generación va pasando en las personas y se va fortaleciendo cada vez más en la familia que lo padece.

Cuando un comportamiento o aptitud física perjudica a otra persona eso es egoísmo. Aunque hay un egoísmo positivo que es aquel que impide que dejemos el control de nuestras vidas en manos de otros, nos ayuda a socializar como parte de una familia, grupo social, iglesia, etc., sin perder la identidad, personalidad y la necesidad que tenemos de que nos acepten y aprueben los demás.

Está relacionado con la autoestima sana de cada uno, la valoración y respeto de las necesidades que tenemos, nuestros valores, inclinaciones naturales sanas y objetivos en la vida.

Características principales de un temperamento egoísta


Hay una regla de oro y es “no hagas a los demás lo que no quieres que los demás te hagan a ti”. Así que debemos guiarnos por normas y razones que nos obligan a no dañar a otros con el fin de conseguir nuestros propios intereses. Aunque hay personas que están en una posición ventajosa con respecto a otras, que nada les impide y nada les importa para hacer lo que no quieren que se les haga a ellos.

La persona egoísta o egocéntrica cree que sus  intereses y opiniones son más importantes que las de todos los demás y en ocasiones las únicas que en realidad importan. Lo que ella piensa, cree, opina, cree, decide y llega a razonar es más importante y primero que las opiniones, creencias, decisiones, etc.,  de todo el mundo.

Lo que no se ajusta a esa persona egoísta lo rechaza, lo desvaloriza totalmente.
Un persona egoísta o egocéntrica nunca podrá ponerse en los zapatos de otro, lógicamente que primero tendría que quitarse los propios para ponerse los otros. Tiene la creencia arraigada de que todos deben hacer lo que ella (la persona egoísta) hace, ver lo que ven y buscar lo que ella busca.

Claro que el egoísmo va acompañado de sus hermanos más cercanos llamados soberbia, vanidad, envidia y orgullo.

Esos hermanos ayudan al egoísta en su obra destructora y contaminante.  La soberbia hace creer que todo lo que se posee es mejor y superior, superando todo lo que hagan, crean y digan las demás personas superando los prejuicios.

La persona orgullosa se sobrevalora, cree que es capaz de todas las cosas pasando por encima de los demás, de las circunstancias y toda clase de improviso que se presente. Así va en detrimento de las personas, porque piensa que su valor y capacidad no se iguala al de ella y es una persona también arrogante.

La vanidad que todos la conocemos y se expresa en muchas formas especialmente físicas, pero la más hermanada con el egoísmo es la envidia y en proverbios y en varios partes de la biblia habla sobre la envidia y los celos.

La envidia es un sentimiento en el cual la persona siente dolor por no poseer lo que tiene otra persona y deseos de destrucción con respecto a eso que tiene la persona. Pueden ser bienes materiales, cualidades, bienes espirituales y más.

La envidia es un pecado que genera muchos pecados y daña el amor al prójimo que nos enseña Jesucristo hijo. Ejemplo de ello es Caín y Abel,  que la envidia supero cualquier sentimiento fraternal y mato a su hermano Abel.

La persona envidiosa desea intensamente lo que otros u otro posee. La persona que la padece pierde la capacidad de gozarse con lo que tiene, va socavando los mejores sentimientos que se pueden tener como lo es el amor, sentir ternura o tener un corazón agradecido.

Llena de enojo contra la o las personas que poseen aquello que el envidioso desea y no posee, dando un sentimiento o impulso para querer dañar, destruir o quitar lo que se desea.

Es diferente a los celos que están basados en el amor hacia otra persona y comprende a una tercera persona que motiva los celos. La envidia es de dos personas y no la motiva el amor por otro. La envidia nace del interior de las emociones de la persona y es insaciable, nunca se satisface, porque siempre encuentra alguien en quien centrar esa envidia.

La envidia causa tristeza y pesar por el bien ajeno, lo que no le agrada al envidioso es la felicidad que causa el objeto o bien que tiene la otra persona. La envidia es resentimiento, que impide desear que a otro le vaya mejor, sino que anhela lo contrario.

Es el deseo de tener algo y el afán de poseerlo, dando el deseo de privar al otro de lo que posee, llegado el caso de que lo que desea, sea lo único que hay y el otro lo posee.

La envidia, el egoísmo, son combinaciones que nunca darán nada positivo y si llenaran de amargura al que la siente y no trabaja esa área de su vida con Dios para ser restaurado y tener mejores sentimientos y valores.

La persona envidiosa cuenta cosas y mentiras sobre la otra persona motivo de su envidia o de las cosas que tiene y como hablamos de Caín y Abel, de Judas y Jesús, Hitler y los judíos, murieron a manos o por causa de los envidiosos.

La envidia causa infelicidad, lo mismo que el egoísmo soledad y es un aspecto de la persona muy desafortunado, debido a que no solo vive en infelicidad sino que mantiene avivado el deseo de hacer el mal a otro.

Todos estos malos sentimientos tienen su origen segun la biblia en espíritus inmundos que se apropian de las personas, como  le pasaba al rey Saúl, con Jezabel que es una de las mujeres más perversas de las que nos habla la Biblia. A maldiciones generacionales, ancestrales y demonios familiares que van de generación en generación.

Y de los cuales nos hace libre Dios, cuando recibimos en nuestra vida como Señor y Salvador a Jesucristo hijo, dando lugar a un nuevo nacimiento y siendo sellados por el Espíritu Santo de Dios.

Por eso en este momento yo te insto a que te analices y disciernas si estos sentimientos se han apoderado de tu vida y que renuncies a ellos. Trata de recordar cuantas veces te has identificado con lo escrito y renuncia en el nombre de Jesús a esos sentimientos, pídele al Espíritu Santo de Dios que te perdone. Te ayude a cambiar todos esos malos sentimientos y pensamientos que son pecados impedidores de una sana relación con Dios y con los hombres.



Dios te bendiga