Testifica

El cristiano y su testimonio

Podemos mirar desde varios ángulos lo que es testificar. Es importante testificar, pero más importante es el testimonio personal de cada uno.

Cuando queremos saber sobre una persona ¿Qué hacemos?

1.   Investigamos sobre ella con otras personas
2.   Le preguntamos directamente a la persona sobre ella y lo que queremos saber
3.   Invadimos con disimulo su espacio personal para después…

En el primer punto cuando conocemos a las personas que tienen amistad con esas o esa personas sobre la que queremos saber, preguntamos sobre ella y su vida en general, esperando obtener una información de forma no sana.  Nos mueve una curiosidad y queremos tomar ventaja sobre ella o ellas teniendo ese conocimiento anticipado sobre ella. Las informaciones de segunda mano son todavía mucho menos seguras que cuando las obtenemos de la misma persona y de lo que nuestros ojos observan.

En el segundo punto solamente tenemos los elementos de juicio que la misma persona da al responder nuestras inquietudes y lo que observamos dependiendo de si somos certeros o no tenemos discernimiento para entender las señales que nos da la persona, no solo con sus aptitudes sino muchas otras cosas más que forman un conjunto y que sin que la misma persona nos lo diga podemos saber muchas cosas sobre ella, con solo observarlas.

En el tercer punto ya estamos haciendo una labor deshonesta la mayoría de las veces, acompañamos nuestras investigaciones de comentarios en ocasiones solapados para que las personas comenten y nos den información privada en ocasiones sobre las personas que son objeto de nuestra atención.

Pero qué lindo es testificar con nuestros hechos y palabras. No es fácil testificar para muchos cristianos y por razones tan tontas como no decir la verdad sobre su vida y experiencias. Esa transparencia mentirosa de las que hablan las personas en el mundo, especialmente aquellas que ejercen cargos gubernamentales y que quieren seguir un ascenso político en cualquier lugar y que los cristianos imitamos desvergonzadamente en ocasiones.

El cristiano transparente, cristalino como esa agua viva de la que le dice Jesús a la mujer samaritana en Juan 4:14 “más el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna” es aquel que puede testificar, que puede contar cosas de su vida nueva en Cristo y anterior en el mundo de la carne, sin avergonzarse.

No podemos contar nuestras intimidades y vida privada a todo el mundo, tenemos derechos inalienables que no solo son dictados por los gobiernos en favor de los individuos en todo lugar del mundo, sino también en la Biblia cuando nos habla del amor al prójimo y la misericordia.

Pero si podemos testificar cuando el Espíritu Santo de Dios nos guía a contar una experiencia que va a edificar y fortalecer al oyente o los oyentes.

Cuando testificamos por otros, estamos ofendiendo a las personas y a Dios. Debido a que muchas veces las personas en las congregaciones cuentan muy ligeramente la vida privada o inventada de los demás hermanos, sin estar seguros de sí es la verdad o estamos dañando la imagen y testimonio de una persona.

“En mi caso personal cuando conocí del Señor estaba en completo orden a los ojos del mundo y de las congregaciones. Estaba legalmente casada, vivía y vivo con mi esposo y mis dos hijos habidos del matrimonio. Pero como toda persona que no ha recibido a Jesucristo en su corazón, tenía muchas cosas malas escondidas en el corazón, había un total y absoluto desorden en muchas cosas de la vida de las personas a mí alrededor, comenzando por las familias cercanas a nosotros y en mi vida personal.

Comencé buscando al Señor debido a los problemas especialmente económicos de los cuales no lograba librarme y no encontraba solución de ninguna forma por mucho que me esforzara, tenía muchos problemas de salud, mi hijo menor hubo que extraerle un tumor canceroso a la edad de año y medio, recibió quimioterapia y vi la Gloria de Dios en todos esos trayectos y liberaciones, sanidades, misericordia de Dios y muchas cosas más. He luchado durante todos estos años por mis bendiciones y las de otros más en la congregación y en mi vida personal, he sorteado muchas pruebas y dificultades, pero la puerta que Dios abrió para mi vida es y ha sido tan amplia que no he logrado llegar a culminar muchas cosas, porque de gracia trato de dar lo que de gracia he recibido y recibo. Dios me dio dentro de la misma vida que llevaba un norte, un trabajo que me da muchas satisfacciones y sobre todo me enseño a valorar de una forma única las bendiciones que me da y que son nuevas cada día”.

En todos estos años de conocimiento de Dios mi fe se fortalece mucho, pero la falta de testimonio de las personas, en ocasiones hace que los demás y hasta yo tropiece y se aparten de la obra de Dios, dejen de congregarse y otras situaciones que están dañando lo que Dios quiere hacer por un pueblo necesitado de Él primeramente, de su amor, de su misericordia y también de todas estas cualidades y atributos de Dios que se deben reflejar en los hermanos cristianos.

Hace algunos años el Señor me dio una revelación en la cual mostraba una nueva puerta abierta, él quería un cristianismo renovado, efectivo, lleno de poder. Esa puerta estaba abierta y sigue abierta para todos los que quieran cruzarla, pero no todos iban o van a poder cruzarla y ser de bendición a las naciones.

¿Porque no todos pueden cruzar esa puerta? Porque debemos ser obedientes a Dios y su palabra, debemos dejar el clientelismo cristiano, así como Josué 1:8 dice: Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” 

La biblia merece un lugar grande y el mejor lugar en la vida del cristiano, no porque sea un libro sabio, el mejor de los libros, sino porque es la palabra viva de Dios y es el que regula la Iglesia cristiana evangélica en cualquier lugar del mundo.

La palabra de Dios es testimonio, es vida, es viva y eficaz y es todo en nuestras vidas.  Hay un tiempo para ordenar la casa propia, hay cosas que no se ordenan fácilmente, hay cosas que no se ordenan nunca, debido a que no está en nuestras manos ocupar el lugar de Dios, pero nuestro corazón, nuestro pensamiento, nuestra vida material y espiritual testifican de nosotros y en la medida que crecemos y Dios hace la obra, podemos prestar un servicio eficaz, limpio, veraz a las personas que tienen necesidad de nosotros y de alimento espiritual.

La iglesia es llamada a ministrar, hacer la obra del Señor, ayunar, orar, hacer cultos o servicios según las normas de cada una. Pero el cristiano que quiere dar testimonio, que quiere aprender, que quiere servir a Dios, debe asistir a la iglesia, ser ministrado, hacer discipulados y en general seguir las normas de las congregaciones en la medida que sienta la necesidad de Dios y que tenga la libertad de hacerlo ¡Eso es testificar de Cristo!

Dios te bendiga