El sembrador y las semillas

 ¿Somos semillas y en que clase de planta nos convertiremos?

1 Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar.  2  Y se le juntó mucha gente; entrando él en la barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa.  3 Y les habló muchas cosas por parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar.    

                                                                                    Mateo 13:1-3

Las semillas representan el gameto masculino y la tierra es el gameto femenino que se unen para crear una nueva planta. Como el hombre unido a la mujer engendran un nuevo ser; así mismo la semilla y la tierra dan vida a una nueva planta.

Además de reproducir nuevas plantas también sirven para alimento de los hombres y los animales. Hay semillas que se utilizan para hacer medicamentos, para fabricar aceites y como materia prima de diferentes productos.

Las semillas son productivas en un cien por ciento. Y hay bancos de semillas para preservar las especies y si una plaga ataca las plantas, esas son reservas, para sembrar nuevamente después de arduas investigaciones.

Jesús nos comparó a semillas o mejor a la palabra que se siembra en nuestros corazones. Y mostro que muchas personas no son buena tierra para recibir su palabra y ponerla por obra. 

El envoltorio que es la semilla tiene un embrión y reservas de alimento, que es lo que necesita para que nazca una planta para salir a la luz de un nuevo día y toda esa parte de la semilla esta recubierta por un revestimiento que la protege.

La palabra de Dios es vida y sembrada en buena tierra, también da un fruto excelente. Fruto de justicia, de paz y mucho más.

Jesús dijo:  Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la comieron. 5 Parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; 6 pero salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. 7 Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. 8 pero parte cayó en buena tierra, y dio fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno. 9Eel que tiene oídos para oír, oiga.

Y después le dio la explicación de la parábola que todos conocemos. Mostrando que hay diferentes clases de lugares donde las semillas fueron echadas para que germinaran. Diciéndole a los discípulos lo que aconteció con la semilla de acuerdo a la clase de lugar donde cayó y mostrando 

Jesús utilizo la semilla en diferentes circunstancias y enseñanzas. Lo más importante de la palabra es la semilla y donde sembramos esa semilla y el fruto que se espera que de esa semilla.

Así debemos estar muy conscientes de donde sembramos las semillas y en que tierra la estamos sembrando para que de buen fruto y se reproduzca. Y Dios no hace acepción de personas, pero no todos reciben la palabra debido a que el corazón de las personas muchas veces esta endurecido por diferentes circunstancias.

Así como la semilla cayo en cuatro partes y solo una fructifico, así la vida del cristiano tiene varias partes en que la semilla no da fruto debido a circunstancias como las mentes en las que la verdad de Cristo no entra. 

La fe momentánea en tiempos llenos de dificultades, las preocupaciones, el amor al dinero y toda clase de defectos de carácter que impiden que la luz de Cristo brille y finalmente el corazón que escucha y acepta a Jesucristo en su corazón y da mucho fruto.

Debemos sembrar para cosechar y no se recoge la cosecha al mismo tiempo que se siembra. Algo importante sobre la cosecha es que no podemos sembrar una clase de fruto y recoger otro. Cuando sembramos amor y dignidad eso mismo recogeremos, cuando sembramos rencores, raíces de amargura y cosas negativas eso mismo vamos a encontrar.

Para cosechar hay que tener paciencia y esperanza, confiar en los tiempos de Dios. La biblia dice que no nos debemos dejar engañar y que todo lo que sembremos eso mismo cosecharemos, lo dice en Gálatas 6:7.

Debemos saber que una única semilla tiene la capacidad de multiplicarse convirtiéndose en una gran cosecha. La perseverancia es muy importante para recibir una buena cosecha. Cosecharemos abundantemente si sembramos con abundancia, la escasez de una cosecha es debido a un muy pequeño esfuerzo.

También si en el pasado no sembramos o sembramos poco, de nada vale lamentarse. Si podemos tener control lo que decidimos sembrar en el día de hoy. 

Examinar nuestra vida, nuestro corazón es importante para descubrir que esta impidi9endo nuestro crecimiento. Sin dejar que se desaliente nuestro corazón porque las personas no reciban lo que tú tienes para dar. 

Debemos mantenernos firmes y estables en la palabra de Dios. Haciendo que nuestras raíces profundicen cada día más en el conocimiento de la palabra de Dios y en su amor inmutable, para que no se desvanezca nuestra fe cuando la vida traiga dificultades y dolores necesarios.

También en los tiempos de Dios está el sembrar en determinada época y en diferentes lugares y personas. Dios es nuestro guía y dependemos de él personalmente para realizar la labor cristiana de sembrar.

¿Te has detenido a pensar en qué clase de semilla estas sembrando o cual semilla quieres sembrar en las vidas de las personas a tu alrededor?

¿Siembras cosas buenas y quieres llenarte de la palabra de Dios y valores para lograr un mundo mejor?

No dejes de sembrar porque a su tiempo cosecharas y si siembras buena semilla la cosecha llegara a ser eterna.

Dios te bendiga


Martha Luz Herrera