El ayuno

El ayuno agradable al Señor

Isaías 58:3 a: y, sin embargo, dicen: “¿Para qué ayunar, si Dios no lo ve? ¿Para qué sacrificarnos, si él no se da cuenta?”


Todos debemos ayunar, pero hay un ayuno que agrada especialmente a Dios  y es aquel que hacemos cuando el Espíritu Santo de Dios nos guía para ayunar y en obediencia lo hacemos, sin dar espera y confiando en lo que Dios va a hacer.

Un ayuno en obediencia nos da bendiciones inesperadas, recibimos claridad de mente y nos renovamos, entendemos muchas cosas que suceden y que aparentemente no tienen explicación.

Cuando ayunamos por rutina, porque es congregacional y estamos acostumbrados a hacerlo semanalmente, si estamos en obediencia, recibimos bendición, Dios desata de ataduras de impiedad, concede peticiones y muchas cosas más suceden en los ayunos, especialmente recibimos autoridad espiritual para proseguir la obra que nos encomienda el Señor.

Pero es lindo y agradable a Dios un hijo que en obediencia a él y su Santo Espíritu dispone su corazón y lo hace con la intención de agradarlo.

Muchas veces hemos esperado bendiciones y nos hemos cansado y hasta olvidado de ellas. En ocasiones nos rendimos o no sabemos por qué causa las cosas no salen como lo esperábamos y en medio o después de un ayuno inesperado, recibimos esa revelación de Dios que nos muestra por qué están retenidas las bendiciones, sabemos cómo orar, pedir como conviene para que Dios desate la bendición y disfrutemos de sanidad,  milagros que por ser hijos suyos nos pertenecen, promesas que pensamos no se van a cumplir en nosotros resurgen con fuerza y la certeza de que cuando menos las esperemos las vamos a recibir.

No desmayemos, no dejemos que el enemigo venza y levante fortalezas alrededor de nuestra fe en Dios, no mengüemos, ni dejemos de orar, porque la bendición está a la puerta y si nos olvidamos de nuestro amado Padre celestial las perdemos.

Sus promesas son en el sí y en el amen, su eterno amor por el hombre hace que Dios no de por tardanza sus promesas. Muchas veces el impedimento somos nosotros mismos y nuestra falta de fe.

Dios nos ve y Dios si se da cuenta cuando ayunamos con corazon sincero, por eso no dejemos de obedecer al impulso de hacer ayunos inesperados para Dios, que el conoce nuestra necesidad y sin pedir nos va a conceder las peticiones de nuestro corazón.

Dios te bendiga