La autoridad y las mujeres
Tito 2:3 Las ancianas
asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino,
maestras del bien;
2:4 que enseñen a las
mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos,
2:5 a ser prudentes,
castas, cuidadosas de su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la
palabra de Dios no sea blasfemada.
2:6 Exhorta asimismo a los
jóvenes a que sean prudentes;
2:7 presentándote tú en
todo como ejemplo de buenas obras; en la enseñanza mostrando integridad,
seriedad,
2:8 palabra sana e irreprochable,
de modo que el adversario se avergüence, y no tenga nada malo que decir de
vosotros.
Las mujeres
pueden y deben tener autoridad. Aunque es relevante hacer la aclaración que
delegar autoridad en una mujer no es malo; siempre y cuando está mujer tenga
cualidades y valores que la ayuden a mantener esa autoridad.
Otra parte
de delegar autoridad tanto en mujeres como hombres tiene que ver con la familia
o personas que han incidido en su crecimiento y desarrollo a lo largo de toda
su niñez y parte importante de su adolescencia.
No todas las
personas tienen un altruismo bien desarrollado que se oponga al egoísmo, a la
carencia de humanidad, de misericordia. Y si se tiene generalmente un espíritu egoísta
muy desarrollado.
Los tiempos
han cambiado, las mujeres modernas son muy liberadas en algunos casos, quieren
tener mando, ser independientes y hasta gobernar a los mayores.
Ya no son
sujetas como en el pasado, no quieren respetar ciertos parámetros antiguos.
Sacan a relucir los errores de todos los tiempos en sus mayores para justificar
su mala actitud.
Hay muchas
cosas que se supone que no tienen validez en la actualidad para los jóvenes o
los que nos anteceden. Si así es deberíamos pensar como nos decían nuestros mayores
en el tiempo de antes “Si quieres independencia, comienza trabajando y viviendo
totalmente de tu cuenta”.
Pero no es
así de fácil, debido a que muchas veces dependen y dependemos emocionalmente,
familiarmente y económicamente de los diferentes grupos familiares. Hay demasiadas
familias disfuncionales. Cuadros familiares no solo incompletos, sino que
faltan figuras paternas de autoridad.
Hoy en día
las madres no son madres, entre comillas, debido a que, aunque se diga que los
hijos son amigos, cómplices y vayamos con ellos a todas partes, no es así.
Ellos son hijos, se está perdiendo espacio, limitando la crianza, coartando la
libertad de ellos y nuestra.
Las jóvenes quieren
actuar en libertad total, sin compromisos, sin deberes de ninguna clase,
faltando a la honra que se les debe a los mayores.
No quiere
decir esto muchas cosas, debido a que recogemos lo que sembramos o de pronto
otros recogerán como dijo el apóstol Pablo: que él había sembrado, Apolos regó,
pero el crecimiento lo daba Dios.
Es un tema
que trae muchas dificultades y confrontaciones de parte y parte, pero no hay
nada imposible sobre la tierra y se debe encontrar un término medio, del que se
pueda hacer uso para no ser tan tajantes como en el pasado lo eran nuestros
padres y mayores.
Cada edad
trae muchas bendiciones y muchos riesgos. Debemos recordar que las mujeres
mayores podemos enseñar algunas cosas a las menores, pero cada quien tiene su
propia vida y en cada persona, así sean nuestros hijos está el vivir una vida
de rectitud, confianza, amor y temor en Dios.
La palabra
de Dios en todos los tiempos se puede aplicar o podemos decir que tiene aplicación,
Dios dice que todo pasara, pero su palabra no pasara jamás.
Ya las
mujeres no son ciegas, desde temprana edad saben muchas cosas que no sabíamos en
el pasado y que de pronto era una justificación para nuestros pecados de juventud.
Los pecados
de juventud actuales tienen en muchos casos consecuencias funestas, debemos
procurar presentarnos como obreros que no tenemos de que avergonzarnos. No
podemos impedir que los jóvenes tropiecen y caigan, pero si podemos ayudarlos a
levantarse y entender que en la vida cuando se siguen los deseos propios, se
debe pagar un precio muy alto en ocasiones y no vale la pena correr el riesgo.
Debemos orar
y saber que los malos consejos dados a los hijos que no son nuestros, también los
pueden recibir nuestros propios hijos de otras personas.
Limitarnos a
servir a Dios quiere decir poner límites a nuestra propia liberalidad, tomar buenas
decisiones debe ser la meta de todos.
Debemos
recordar que el verdadero corazón de madre, no deja de sufrir por sus hijos.
Las mujeres extrañas en la juventud, no son las compañeras sexuales en muchas
ocasiones, sino aquellas personas que no saben aconsejar y se dejan usar para
llevar por el camino del mal a los más débiles.
La oración
es fuente de poder y debemos exponer nuestras necesidades a Dios, interceder
fervientemente por los hijos y los demás jóvenes es muy importante para el
cristiano. El poder de Dios se desata por medio de la oración intercesora.
“Recuerdo que en un
tiempo evangelizaba a una mujer. Le enseñaba sobre lo que es la oración y el
orar por todos. Me hacía mucha gracia que ella me decía: Yo no oro por nadie,
sino por los míos. Si oro por los demás, después Dios se olvida de mí y mi
familia.”
Cuando no
conocemos al verdadero Dios podemos caer en errores como ese. El corazón de
Dios es infinito como él mismo. No se olvida de nadie, no deja a nadie sin
bendecir, está pendiente de todos y cada uno de sus hijos y aun de los que
todavía faltan por recibir a Jesús como Señor y salvador personal en su vida.
En esta hora
te invito a que, si no has recibido a Jesús como Señor y Salvador personal, lo
hagas diciendo esta pequeña oración.
Señor Jesús
te recibo como mi único y suficiente señor y salvador, te pido que perdones mis
pecados, que te sientes en el trono de mi corazón, me borres del libro de la
muerte y me escribas en el libro de la vida del cordero. Amen.
Dios te
bendiga
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