Basura eclesiástica

La palabra de Dios y la Basura eclesiástica

2 Timoteo 2:14 Recuérdales esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes. 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad. 

Lo que llamo basura eclesiástica o mejor la definición de este término es aquella literatura cristiana de cualquier denominación, que se escribe con los mismos fines que se hace con la literatura en el mundo.

Son formatos para vender, no para edificar o evangelizar sensatamente al pueblo de Dios.

El cristiano en su búsqueda incesante de Dios, debe tener desarrollado el discernimiento para escoger buenas lecturas cristianas. De ministros acreditados por su conocimiento de la palabra de Dios y honestos, con testimonio de servicio, amor a la obra del Señor.

Algunos ministros de iglesias se vuelven famosos de un día para otro, así como pasa con las estrellas de cine, cantantes o grupos musicales. Gracias a su carisma, buen vestir, don de gentes y esas cualidades mundanas que ayudan a caer bien a todo el mundo. Pero en el fondo no tienen una raíz profunda de capacitación y conocimiento de la palabra de Dios.

Esto ha desarrollado una gran carrera evangelista falsa. Haciendo que la competencia entre iglesias y denominaciones cada día luchen por tener templos más grandes y hermosos, equipos de gran valor, grupos de alabanzas grandes y toda una parafernalia que no está en el orden de Dios, cuando va dirigida a la vanagloria humana.

Dios se agrada en el servicio sencillo y bien llevado, cuando se hace de corazón, cuando las congregaciones cumplen su palabra. Los dineros extras que se reciben en las congregaciones deben servir para la extensión de la obra de Dios, para llevar el evangelio a los lugares donde no hay conocimiento de él o hay necesidades espirituales que unidas  a las materiales se deben suplir en amor y armonía.

El obrero es digno de su salario, el ministro debe llevar una vida digna, cómoda,  sin necesidades básicas, pero también sin ostentaciones de riquezas.

Las bendiciones se pierden, la juventud se pierde, la drogadicción está cobrando su cuota maligna, lo mismo que la prostitución disfrazada de carreras como el modelaje, la actuación y muchas otras más. También las economías diabólicas de tatuajes y el satanismo, que solo sirven para la destrucción rápida de la familia.

Los guías de los menores son los mayores, los padres de los hijos, los maestros de los alumnos, los ministros de las ovejas. así se aprenden las buenas o malas disciplinas espirituales o se manifiestan las enseñanzas poco edificadoras de valores, amor y falta de conocimiento.

Somos llamados a ministrar, a orar, interceder por las almas, a predicar, a hacer la obra de Dios y no a lucir lo que se tiene y lo que se sabe.

Aquellos jóvenes, adultos y ancianos, mal encaminados en ministerios que no van a servir para presentárselos al Señor, porque en aquel día va a decir: “Apartaos de mi hacedores de maldad”.

¿Cuantas veces le predicaste al adicto vecino, lo invitaste a la congregación, lo saludaste con amor y no te hiciste el indiferente, el que no lo ves? ¿Cuántas veces tuviste misericordia del anciano, del enfermo, del preso? ¿Cuántas veces oraste por tu hermano, por sus necesidades, por todo lo que manda la palabra y la misericordia? Y que de tus ayunos, cual es el fin de ellos?

Hermano mira lo que haces, mira tu actitud y principalmente mira el servicio que estas prestando a Dios.

Quiero darte esta palabra en amor, tu que lees, toma lo que te corresponde y guarda lo que no, para exhortar en amor a aquellos que la necesitan.


Dios te bendiga